martes, 9 de agosto de 2011

La Soprano del pueblo


Creció en Caballito, actuó en las Operas más importantes del mundo, hoy canta en Illinois, Estados Unidos y acaba de lanzar su tercer disco. Fue la "Mejor cantante de ópera" en San Remo y la mejor del mundo en el Tercer Festival de la Lírica en Italia. En el 2001 abrió el Festival de Cosquín y en el 2002 cantó junto con el grupo Ráfaga. Su sueño es ganar un Grammy y un Oscar.

De chiquita quería cantar como Julie Andrews o Barbra Streisand. Ser alguna vez la versión local de Mary Poppins no era puro capricho. Acá la cuestión era más simple: la chica había nacido con un don, y a eso no había con qué darle. Pero quién sabe cuántas vueltas dio el destino para que Gabriela Pochinki, la pequeña de guardapolvo blanco que se destacaba por su voz en el coro del Normal 4 de Caballito, se convirtiera en una reconocida cantante de ópera a nivel mundial, la misma que acaba de lanzar su tercer disco y que hoy, exactamente hoy, se está presentando en la Opera de Illinois, Estados Unidos. 
"Señora, su hija tiene oído absoluto", le dijo un vendedor de pianos a la madre de Gabriela, recomendándole que impulsara a la chiquita a potenciar sus capacidades para la canción. Enseguida Gabriela empezó a aprender canto, baile, teatro y expresión corporal. Más tarde llegaron las clases de cultura clásica y técnica de voz, una carrera universitaria -Fonoaudiología- y los cursos en el Instituto del Teatro Colón. Ahí fue donde le aconsejaron ir a estudiar a la Manhattan School of Music de Nueva York, una de las mejores y más prestigiosas escuelas del mundo. Y quedó... entre los diez mejores. Así, después de tantísimos años de esfuerzo, la jovencita que dejó Argentina en 1989 "cargando solamente dos valijas", ya lleva más de 40 actuaciones en distintos teatros como la Opera de Queens, la de Bonn, la de Tel Aviv y la Volksopera de Viena, entre otros, sumado a sus presentaciones en salas locales como la del Colón o la del Nacional Argentino de La Plata. Y además, si hay algo que tiene esta libriana de edad desconocida (prefiere mantener la magia de la edad de los roles que interpreta) es reconocimiento: en diez años de carrera, cosechó premios importantes: fue la "Mejor cantante de ópera" en San Remo (1997) y la "Mejor cantante del mundo" en el Tercer Festival de la Lírica en Italia. Pochinki, debió aprender a estudiar, hablar y cantar nada menos que en cinco idiomas. 
"Yo quería ser una estrella en este mundo, ser Gabriela Pochinki en este Planeta Tierra. Y cuando decidí ser alguien, opté por dar lo mejor de mí, hacerlo de la mejor manera. Ese fue mi sueño, y lo cumplí", dice Gabriela en un hablar rápido desde la casa rodeada de montañas y nieve del matrimonio norteamericano en Illinois que la hospeda momentáneamente. "Desde el día que me metí en esto, lo hice dando el 100 por 100 de mí, sacrificándolo todo: me fui de mi país, estuve lejos de mi familia, pasé horas y horas entrenando en una búsqueda dura para una carrera difícil como la operística".
La soprano del pueblo 
¿Quién diría que esta soprano que interpretó personajes de óperas de Verdi, Humperdinck, Mozart y Strauss, entre otros grandes, visita la platea del Nuevo Gasómetro de Almagro cada vez que vuelve a la Argentina. Y que es fanática del mate? Sí, Gabriela es amante de la popularidad: en 2001 abrió el Festival de Cosquín con el Himno Nacional y al año siguiente compartió escenario con el grupo bailantero Ráfaga. "Estar con la gente es lo que más me gusta. Yo sé que a la elite llego, porque estoy preparada para las tres mil personas que vengan al Colón o a la Scalla. Pero a mí me gusta llegar al gran público, sin discriminación." dice, y cuenta que lo que más disfruta es recibir a su audiencia en el camarín una vez que los telones bajaron. 
"Esta profesión es muy solitaria: pasás muchos momentos en soledad antes de subir al escenario y cuando bajás, es muy difícil volver a tu casa sola. Por eso necesitás el cariño del público". No por casualidad, en los Estados Unidos la llamaban The people's soprano (la soprano del pueblo).
-Sorprende saber que nunca soñaste con ser cantante de ópera y que querías ser como Julie Andrews, Barbra Streisand o Liza Minnelli...
-Sí, es verdad. A mí me gusta cantar, me gusta ser popular. Lo que pasa es que cuando fui a la escuela de Manhattan, me vieron condiciones y me derivaron al Departamento de Opera, y la voz me dio para cantarla. Pero si me das a elegir estar en el Colón o en Luna Park, elijo el Luna Park. Si me preguntan '¿el Metropolitan Opera o el Madison Square Garden?', digo el Madison Square Garden. Me encanta la masividad y la televisión, que me permite entrar en cada hogar y que me escuche el que no puede pagar una entrada. Al cantar algo tan popular como el Ave María, apreciado por todos, llegás al alma de la gente de una manera distinta. Y esa gente que se sensibilizó al escucharme cantar primero eso, dice '¡Gua!', y así me la traigo conmigo a la ópera. 
Un dato: cuando en 1998 Gabriela interpretó Carmina Burana de Carl Orff en el Teatro Colón, un grupo de cordobeses que rezaba con su versión del Ave María llegó en camión para escucharla. Y el Papa Juan Pablo II le hizo saber a través de una carta del Vaticano que él despertaba con esa canción cantada por ella. 
Llegar a ser lo que hoy es Gabriela le costó. Y mucho: "No te olvides que la ópera es lo máximo: cuando estás cantando, técnicamente tenés que ser brillante. Y eso no se produce de un día para el otro. Son años y años de entrenamiento. Y de repente un día el cuerpo hace click y todo lo que aprendiste se integra, y después sale solo, como los cambios de un auto".
Las mismas ganas, el mismo espíritu 
Después de casi 15 años de transitar por diferentes países y escenarios, la cantante asegura que cada función es como si fuese la primera: "El público es diferente, y el dolor de panza típico antes de salir está siempre, pero lo espiritual fue siempre lo que me dio fuerzas". Fuerza, eso es lo que se nota en Gabriela y es la clave de su carrera. "Actualmente, levanté mi base y me muevo con tres tremendas valijas. ¡Soy nómade! -dice-. Me fui de Argentina con mis cosas a Nueva York y con ellas estoy acá (Illinois). Mi última base la tuve en Salzburgo en el '98 y sólo dejé mi departamento armado en Nueva York, el resto partió a la Argentina. Eso es difícil", asegura la soprano que un día, cuando se presentó en un canal italiano y la rechazaron por su nacionalidad, se enojó tanto que tiró el casete que llevaba con sus trabajos. Ese temperamento le sirvió para que a las tres horas, la señal revocara su decisión. 
"Siempre quise ser yo. A mi manera, sin copiar a nadie y brindando lo que tengo", dice, y se autodefine como un "caso especial": "Lo más típico es casarse joven y tener hijos. No sé... yo a veces por mi entrenamiento no puedo hacer cosas que cualquier persona de mi edad haría". Pero no se lamenta: "Esto es lo que elegí, y me encanta". 
Del futuro, sólo dice que piensa volver a Nueva York, donde tiene un proyecto "top secret" . A la Argentina tiene planeado venir cuando nazca su sobrino: "Durante mucho tiempo me faltó tanto mi familia que ahora no quiero perderme más nacimientos, cumpleaños ni fiestas", remarca. Y para más adelante, ¿cuál es su próxima meta? "Me gustaría ganar un Grammy y un Oscar". Y sí, Gabriela es una mujer que vuela alto, "pero siempre pisando tierra...", dice generando intriga. Y asegura que siempre seguirá siendo la chica de Caballito, la misma que al salir del teatro saluda al portero con un beso y un abrazo.

Sus discos: Arias and Liturgical Songs (2000), Il Dolce Suono (2001) y el reciente Queen of the night (2003). Todos incluyen arias y canciones litúrgicas: "Soy muy religiosa, le rezo a Dios absolutamente todos los días, y antes de entrar a escena. Al terminar cada función, le agradezco al cielo. Es mi sistema de vida. Cuando me fui de Argentina, lo espiritual fue lo que me dio fuerzas".
Adele, su personaje
La persona que le descubrió el talento para interpretar el rol de Adele, en la opereta El Murciélago de Strauss (la que actualmente está presentando en Illinois), fue la cantante Elizabeht Schwarzkopf, con quien ella tomaba clases maestras en Suiza. "Ella fue la que me anunció que mi rol iba a ser Adele". Según Gabriela, que encarnó este rol por primera vez en 1995, "esta es una mucama que le roba el vestido a su ama para irse a una fiesta. Tiene una virtuosidad vocal tremenda. Es dura: exige una técnica excelente porque tiene arias demandantes, momentos de dos o tres minutos donde el cantante está sólo expresando lo que siente. Además, yo soy muy comedianta. Me gusta hacer reír a la gente, pero tengo unos minutos de drama en los cuales yo puedo con mi alma llegar al público y hacerlo vibrar. Vocalmente me queda perfecto porque tengo facilidad para los agudos y me permite lucir la virtuosidad vocal". La misma obra la hizo más adelante, en Israel. Un rol que le queda pendiente a Gabriela es el de María, en la Hija del regimiento de Donizetti: "Me encantaría hacerlo en el Teatro Colón. Soy joven, y puedo soñar ".
El canto, un amor sin barreras
Cuando apenas empezaba a transitar el camino del éxito, Mirtha Legrand le preguntó a Gabriela (en uno de sus almuerzos) qué rol le gustaría interpretar. Ella contestó: "A María en West Side Story". Pues bien, el programa le trajo suerte y Pochinki fue elegida, en 1998, para integrar el elenco que interpretaría el clásico musical de Leonard Bernstein (conocido en Argentina como Amor sin barreras) nada menos que con el rol protagónico de María. La trama central es una historia de amor. La pieza se dio en el Landdes theater de Salzburgo (Austria), junto a la Opera de Virgina (allí fue la única latinoamericana del elenco) y luego dos veces en la Volskopera de Viena. "María es muy parecida a mí, a los quince años se mudó de Puerto Rico al Upper West Side (N.Y.), que fue exactamente el barrio donde yo viví al principio. Tenía todos los problemas de diferencias raciales. María es tierna y dulce, pero a su vez tiene mucho temperamento: es una mujer latina llena de fuego", dice.

2 comentarios:

  1. A menudo por su fama prematura el desarrollo psicológico de personas como ella se ve contaminado y a menudo tienen complejo de diva, pero la verdad es que a los genios hay que respetarlos.

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  2. Estoy totalmente de acuedo con vos, no solo respetarlos, sino admirarlos por su genialidad.

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